Agosto de 2006. Un autobús de línea me lleva desde un interior poblado de naturaleza hasta la ciudad de A Coruña, por una de esas vías rápidas que inteligentemente se extienden por Galicia. Después de pasar unos días de vacaciones familiares en el sur de la provincia, como suele ocurrir cada año, voy directa al Festival Noroeste para ver a Paul Weller, icono de tardo adolescencia, que ya peina canas y está de gira en España tras haber publicado Studio 150 (2004) y As Is Now (2005), discos -como diría aquel crítico- “de madurez”. El concierto forma parte de un festival del que hasta entonces no había oído hablar y el artista que vio resurgir el movimiento mod a finales de los 70 comparte cartel con Los Ronaldos, Burning y The Sunday Drivers, entre otros. Se pone el sol en la playa de Riazor y la gente se prepara para recibir al modfather sin aspavientos ni empujones. En Galicia hasta los conciertos se ven en calma. En los dos mil me parece increíble disfrutar sobre la arena de un espectáculo musical que no sea una rave.

Al día siguiente, la estrella de rock británica luce al sol su pelo impecable color platino mientras lee The Independence solo y tranquilamente en la plaza de María Pita. Nadie le reconoce, nadie se le acerca. Paradójicamente, disfruta de ese anonimato al lado de la heroína que siglos atrás defendió a la ciudad de los ingleses capitaneados por corsario Sir Francis Drake.

Ese año, 2006, los festivales en España se encuentran en plena burbuja. Y yo con ellos. He conocido los más importantes del país y pretendo seguir la exploración mientras ejerzo feliz mi primera y única vocación: periodista musical, siguiendo así la fantasía del protagonista de la película de Cameron Crowe Casi Famosos.

Julio de 2015. Mis coordenadas vuelven a situarse en el Noroeste peninsular. En estos nueve años el festival ha cambiado mucho. Me entero de que ha comenzado una nueva etapa tras un ciclo complicado. Pero -lo más importante- ha sobrevivido. En un momento en el que casi cada pueblo de España tiene su propio festival, para el Noroeste, la mayoría de edad se sitúa más cerca de la treintena que de la veintena. Cumple 29 años. Sí. Muchos abren la  boca al enterarse. Ese año, Los Planetas encabezan el cartel de la verdadera transformación del evento, la que le convertirá en un proyecto de ciudad: ciudad musical. Solo necesitan un altavoz para que el resto de España se entere. Y en eso estamos. Cuatro años viviendo un espejismo de festival. Algunos ya han vivido para contarlo.

Los que no somos de Galicia, pero hemos crecido con la cultura musical anglosajona, vemos paralelismos entre la tradición inglesa y la local. Por la cantidad de bandas diferentes que existen y su pluralidad; por esa pasión por la música y su vinculación al clima; y por la insatisfacción vital que puede llegar a reflejar la música y que en muchos casos sirve de motor para avanzar.

Por eso, un festival como el Festival Noroeste sucede en Galicia. No solo por exprimir el hedonismo veraniego. Todas las intrahistorias son buenas y, en gran medida, acciones cumplidas. Desde conseguir condiciones laborales dignas para todos los músicos –alabadas por asociaciones y sindicatos-, hasta apostar ampliamente por la escena local, el patrimonio cultural de la ciudad o favorecer la economía de pequeños y medianos negocios.

A la lista de desafíos se ha sumado este año una máxima capital: la visibilización de bandas y artistas femeninas, alcanzando en 2018 casi el 60 % del cartel. Un antes y un después en la historia de los festivales en este país que no puede pasar desapercibido.

Muchos dirán que no es para tanto. Otros que es fruto de la “moda feminista” -como si esos dos conceptos pudieran ir de la mano-. Y, los más escépticos, que se trata de utopía. Sin embargo, acercándonos a casi ya el primer cuarto de siglo XXI, el Festival Noroeste resulta una realidad más que palpable en un presente más que distópico.

Cristina Álvarez Cañas es periodista. Ha colaborado en medios como El Mundo, Radio 3 y Efe Eme y actualmente forma parte del equipo de comunicación del Festival Noroeste Estrella Galicia.